Otra vez le contaron esa historia, aquella en la
que un príncipe lucha por el amor de su
princesa, y ésta le corresponde para siempre. Otra vez le pintaron ese mundo
donde solo existían ellos dos, donde nada ni nadie los podia separar. Otra vez se
sintió tan protagonista y tan dueña de esa historia, que terminó desilusionada y con el corazón roto.
En esa historia, el príncipe estaba encantado con su
princesa. Esta mujercita tenía ese algo que a él le fascinaba. Con dulces
palabras y pequeños detalles, logró seducirla, engancharla y quizás hasta
enamorarla. La princesa, cegada por todas esas cosas lindas, accedió a darle
una oportunidad y a jugársela por lo que sentía en el momento. Al pasar los
días, el príncipe intentaba hacerla feliz, prometió borrarle las heridas que el
pasado le dejó y quería cumplirlo. Ella confiaba ciegamente en él, cada día
que estaban juntos procuraba hacerlo lo
más feliz posible, quería devolverle al menos un poco de lo que su enamorado le brindaba. Pero lentamente la princesa se dió cuenta de que algo
andaba fallando, el principito del que se enamoró una vez, ya no estaba. Una y otra
vez intentó comprender el motivo, la razón del distanciamiento. Analizó si ella
cometió un error sin darse cuenta, pero no lo encontró. No se sentía satisfecha
con saber que no hizo nada. Lamentablemente asumió, mediante sus propios
medios, que los fantasmas del pasado venían a aturdir a su príncipe, a
confundirlo, a separarlo de ella. Entonces
luchó con todas sus fuerzas pero fue en vano, perdió la batalla: los habían separado. Su príncipe había caído en la tentación, perdiendolo para siempre.
La princesa sintió un gran dolor, lloró hasta comprender que
si realmente lo amaba, iba a respetar su desición. Quería la felicidad de su
principito, y si tenía que alejarse estaba dispuesta a hacerlo, aunque su
corazón no estaría de acuerdo…
Esas páginas que fueron escribiendo cada día que estaban
juntos, ahora son sólo hojas arrugadas, a punto de tirarse en un cesto de
basuras, que luego serán olvidadas o encontradas por alguna otra ilusa que
intente sentirse feliz con ese cuento.
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