viernes, 3 de mayo de 2013

Historias de amor II



Aquella ilusa mujer que sintió ser una princesa en ese cuento con final feliz, hoy ya no está. El error de su principito, el haberla dejado ir sin luchar para impedirlo  le hizo comprender que no todo es lo que parece,  las cosas cambiaban aunque ella no estuviera de acuerdo e intentara poner lo mejor de si.  También entendió que depender de otra persona la distanciaba, de a poco y sin quererlo, de aquellas personas que siempre quisieron lo mejor para ella. Por esas cosas que aprendió, decidió cambiar y lo logró. Hoy ya no es esa mujer inocente e indefensa que no puede vivir sin él, que se siente culpable por su partida…
Hoy, en su lugar hay una reina, quizás sin rey ni reino, pero con una corona otorgada por su capacidad de haberse levantado, de haber tenido confianza y paciencia en ella misma para encontrar una solución y verse feliz. Una corona que no pesa, hecha de flores. Una corona que ella se ganó con la voluntad de querer ser feliz, con aportar todos los días un granito de arena para lograrlo…
En cuanto a su principito, con el correr del tiempo entendió que se fue por cuenta propia, quizá influyó la presión del mundo que los rodeaba, quién sabe qué pasaba por su mente. No lo culpa ni le guarda rencor, al contrario desea con todo su corazón que dondequiera y con quienquiera que esté sea feliz.
Ella, la princesa enamorada, la que sacó provecho a una situación llena de angustia y de dolor, HOY  se siente bien consigo misma, es feliz y no con otro hombre, sino con sus amigos y su familia, que todos los días logran sacarle una sonrisa sincera.
HOY entiende que la felicidad  tiene que encontrarla por sus propios medios, que más allá de las razones para llorar y para estar triste que tenga,  siempre tiene que buscar los mil  motivos para sonreírle a la vida y ser feliz.

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